Porque abrir el diálogo con los grupos de interés no puede ser disociado de una política RSC

Los grupos de interés en el centro de la norma ISO 26 000

La teoría de R. Edward Freeman pone la noción de diálogo con los grupos de interés en el centro de las cuestiones de responsabilidad empresarial: la consideración de los intereses de los protagonistas internos y externos afectados por el funcionamiento de las empresas es esencial a su desarrollo sostenible.
Estos últimos años, este postulado se ha impuesto progresivamente a todos los estándares de RSC. En la actualidad, la norma ISO 26000 compromete las políticas RSC a integrar los grupos de interés.

La responsabilidad social según la norma ISO 26 000

Publicada en 2010, después de cinco años de negociaciones entre un enorme número de grupos de interés en todo el mundo, la norma ISO 26.000 fija un marco en las empresas y en las organizaciones para operar de manera socialmente responsable.
La norma define la responsabilidad de una organización frente a los impactos de sus decisiones y sus actividades sobre la sociedad y sobre el medio ambiente, traduciéndose en un comportamiento transparente y ético que:
• contribuya al desarrollo sostenible incluso a la salud de las personas y al bienestar de la sociedad;
• tiene en cuenta las expectativas de los grupos de interés;
• respete las leyes vigentes y es compatible con las normas internacionales;
• se integra en el conjunto de la organización y se aplica en sus relaciones.

Según esta definición, la norma ISO 26.000 coloca la definición de los grupos de interés y el diálogo con ellas en el centro de la política RSE.

¿Del diálogo a la gobernanza?

Las empresas ya integraron algunos grupos de interés internos a su gobernanza, como lo ilustran los comités de empresa a los cuales participan representantes de asalariados o sindicatos.
Sin embargo, la integración de los grupos de interés en procesos de análisis y gestión de los impactos de las actividades económicas de la empresa en sentido estricto sigue siendo marginal, si no casi nula cuando se habla de grupos de interés externos, como representantes de ONG.
Se puede no obstante preguntarse si tal evolución sería deseable, puesto que las partes involucradas tienen por vocación hacer contrapeso a la gobernanza de la empresa, y en consecuencia de influir en los sistemas de decisión, más que de integrarlos a través de funciones de representación.

Con el fin de establecer soluciones pertinentes, en línea con lo que está en juego a niveles medioambientales y empresariales de sus clientes, GreenFlex moviliza los grupos de interés previamente identificados, según los retos y la problemática específica de la empresa. La apertura del diálogo con estos protagonistas, internos y externos, permiten a menudo imaginar pistas de progreso. Este trabajo, generalmente llevado a cabo a nivel de la alta dirección de la empresa, permite a los grupos de interés ejercer una influencia en el corazón de los sistemas.