Sustancias tóxicas para los negocios: ¿el nuevo problema de los productos en la economía circular?

Los productos de consumo masivo son uno de los pesos pesados ​​de la economía europea (casi 3 billones de euros anuales, o una cuarta parte del PIB de Europa). De hecho, para su fabricación, estos productos requieren una masa fenomenal de materiales, como el plástico, cuya producción anual alcanza más de 300 millones de toneladas en todo el mundo.

Sin embargo, este material es objeto de una movilización sin precedentes en los últimos meses, especialmente los medios de comunicación, ya que sabemos que cada año se encuentran cerca de 8 millones de toneladas de plástico en los océanos.

Si bien algunos productos ya forman parte de los sistemas de tratamiento dinámico (textiles), otros todavía  (juguetes, deportes, ocio, artículos de bricolaje) no cuentan con un sistema de tratamiento de residuos definido.

Europa ha adoptado una estrategia de plásticos en el Paquete de Economía Circular; mientras que España aun la queda mucho camino por recorrer. Según la información de la Fundación Aquae con datos del Servicio de Estudios del Parlamento Europeo, Greenpeace y WWF, “los países que más plásticos vierten al Mediterráneo al día son Turquía (144 toneladas), España (126 toneladas), Italia (90 toneladas), Egipto (77 toneladas) y Francia (66 toneladas)”. En su hoja de ruta el gobierno central estableció un real decreto (Real Decreto 293/2018, de 18 de mayo, sobre reducción del consumo de bolsas de plástico) donde se prohíbe la entrega gratuita a los consumidores de bolsas de plástico en los puntos de venta de bienes o productos, por lo que los comerciantes deben cobrar un precio por cada bolsa de plástico que entreguen.

Algunos productos emblemáticos se han vuelto obsoletos para el medio ambiente: bolsas de plástico, bastoncillos de algodón, recipientes alimentarios, vasos, pajitas, envases  para bebidas frías o capsulas de café que terminan en desecho apenas después de unos segundos de uso. Usos casi inútiles en comparación con los impacto generados.

La ambición y la aplicación de la economía circular es inmensa en vista de sus problemas y complejidad. Un enfoque multidisciplinario parece esencial. Por lo tanto, hay una segunda buena razón para centrarse en las sustancias tóxicas presentes en los productos (después de la salud): la de su naturaleza disruptiva en la economía circular: <un contaminante que impide un nuevo uso del material>.

La desintoxicación de los productos se volverá esencial, especialmente para evitar su obsolescencia ambiental e identificar su composición será el nuevo desafío para los negocios.